Archivo mensual: noviembre 2008

Renuévame!!!

Padre tu siempre escuchas las oraciones y a los corazones sinceros, por favor, Renuévame, se lo que esto implica. Adelante Padre, toma mi vida y has con ella lo que tu desees.

Amén

Existe el matrimonio felíz???

Inteligencia emocional, tomado de Daniel Goleman

Esta lenta escalada del silencio masculino puede originarse, en parte, en el hecho de que, según parece, los hombres suelen ser muy optimistas sobre la situación real de su matrimonio mientras que las mujeres son más sensibles a los aspectos problemáticos de la relación. Un estudio realizado sobre el matrimonio pone en evidencia que los hombres muestran un punto de vista más ingenuo que sus esposas en todo lo concerniente a la relación (hacer el amor, estado de las finanzas, vínculos familiares, comprensión mutua o importancia de los defectos personales). Las esposas, por su parte, suelen mostrarse más exigentes a la hora de plantear sus demandas, especialmente en los matrimonios infelices. Si al cándido punto de vista de los maridos sobre el matrimonio sumamos su poca predisposición a afrontar los conflictos emocionales, nos haremos una idea más precisa del motivo de las frecuentes quejas de las mujeres sobre la evasiva actitud de sus maridos para hacer frente a los problemas que aquejan a cualquier relación. (Estamos hablando, claro está, de la generalización de una diferencia que no es aplicable a todos los casos particulares. Un amigo psiquiatra, por ejemplo, se lamentaba de que, en su matrimonio, él fuera el único en sacar a relucir este tipo de cuestiones y de que su esposa se mostrara sumamente remisa a hacer frente a los problemas emocionales.)

No cabe duda de que la torpeza de los hombres para percatarse de los problemas de la relación se debe a su relativa falta de capacidad para descifrar el contenido emocional de las expresiones faciales. Las mujeres suelen ser mucho más sensibles que los hombres para captar un gesto de tristeza. Es por esto por lo que las mujeres suelen verse obligadas a aparentar una desolación absoluta para que un hombre pueda llegar a darse cuenta de cuáles son sus verdaderos sentimientos y darle luego también el tiempo suficiente para que se plantee cuál puede ser la causa de su malestar.

Según Gottman, las críticas destructivas son una incipiente señal de alarma que indica que el matrimonio se halla en peligro. En un matrimonio emocional mente sano, tanto la esposa como el marido se sienten lo suficientemente libres como para formular abiertamente sus quejas. Pero suele ocurrir que, en medio del fragor del enfado, las quejas se formulen de un modo destructivo, bajo la foma de un ataque en toda regla contra el carácter del cónyuge. Pamela y Tom, por ejemplo, quedaron a una hora concreta frente a la estafeta de correos para ir al cine y, seguidamente, Pamela se dirigió con su hija a una zapatería mientras su marido iba a echar un vistazo a la librería. Pero a la hora convenida Tom todavía no había aparecido. «¿Dónde se habrá metido? La película empieza dentro de diez minutos —se quejó Pamela a su hija—. Si alguien sabe cómo estropear algo, ése es tu padre.» y cuando Tom apareció diez minutos después, contento por haberse encontrado con un viejo amigo y excusándose por el retraso, Pamela le espetó sarcásticamente: «muy bien; ya tendremos ocasión de discutir tu sorprendente habilidad para echar al traste todos los planes. Eres un egoísta y un desconsiderado».

Pero este tipo de quejas es algo más que una simple protesta, es un verdadero atentado contra la personalidad del otro, una crítica dirigida al individuo y no a sus actos. Ante el intento de disculpa de Tom, Pamela le estigmatizó con los calificativos de «egoísta y desconsiderado». No es infrecuente que las parejas atraviesen por momentos similares, momentos en los que una queja sobre algo que el otro ha hecho se convierte en un ataque en toda regla contra la persona y no contra el hecho en cuestión.

Estas feroces críticas personales tienen un impacto emocional mucho más corrosivo que una queja razonada y tienden a producirse —quizá comprensiblemente— con mayor frecuencia cuando la esposa o el marido siente que sus quejas no son escuchadas ni tenidas en consideración.

La táctica del cerrojo constituye la última defensa. La persona que se cierra sobre sí misma se limita a quedarse en blanco, a inhibirse de la conversación respondiendo lacónicamente o manteniendo un silencio y una expresión pétrea, una táctica que envía un poderoso y contundente mensaje que combina el distanciamiento, la superioridad y el rechazo. Esta pauta es fácilmente observable en los matrimonios con problemas y en el 85% de los casos es el marido quien se encierra en sí mismo como respuesta a una esposa que lo acosa con constantes quejas y críticas. Pero una vez que termina estableciéndose como respuesta habitual tiene un efecto devastador sobre la salud de la relación porque aborta toda posibilidad de resolver las desavenencias.

CONSEJOS PARA EL MATRIMONIO

La distinta forma en que los hombres y las mujeres se relacionan con los sentimientos dolorosos tiene consecuencias tan peligrosas para la vida de relación que tal vez debiéramos preguntarnos ¿qué es lo que pueden hacer las parejas para salvaguardar el amor y el afecto que se profesan mutuamente?, o, dicho de otro modo, ¿qué es lo que mantiene a salvo al matrimonio? Las investigaciones realizadas sobre las parejas que perduran a lo largo de los años han llevado a los consejeros matrimoniales a esbozar un conjunto de recomendaciones específicas para hombres y para mujeres, y una serie de consejos de carácter más global aplicables tanto a unos como a otros.

Hablando en términos generales, los hombres y las mujeres necesitan remedios emocionales diferentes. En este sentido, nuestra recomendación seria que los hombres no trataran de eludir los conflictos sino que, en cambio, intentaran comprender que las llamadas de atención de una esposa o sus muestras de disgusto, pueden estar motivadas por el amor y por el intento de mantener la fluidez y la salud de la relación (aunque, ciertamente, la hostilidad manifiesta también puede responder a otros motivos).

La acumulación soterrada de quejas va creciendo en intensidad hasta el momento en que se produce una explosión, mientras que su expresión abierta, en cambio, libera el exceso de presión. Los maridos, por su parte, deben comprender que el enfado y el descontento no son sinónimos de un ataque personal sino meros indicadores de la intensidad emocional con que sus esposas viven la relación.

En lo que respecta a las mujeres, el consejo es muy parecido.

Dado que uno de los principales problemas para el hombre es que su esposa suele ser demasiado vehemente al formular sus quejas, ésta debería hacer el esfuerzo de no atacarle personalmente. Una cosa es una queja y otra muy distinta una crítica o una expresión de desprecio personal. Las quejas no son ataques al carácter sino tan sólo la clara afirmación de que una determinada acción resulta inaceptable. Las agresiones personales suelen provocar la reacción defensiva y el atrincheramiento del marido, lo cual sólo contribuye a aumentar la sensación de frustración y a provocar la escalada de la violencia. También puede ser de gran ayuda el que la esposa trate de formular sus quejas en un contexto más amplio sin dejar de expresar el amor que pueda sentir hacia su marido.

matrimonio-2007

Cuento!!!

LA ESPOSA SORDA
Apenas me senté, empecé a hablar. Tenía ese día un tema muy claro sobre el que quería trabajar. Mis discusiones con mi pareja.
—Me parece que Gaby está de la nuca.
—De la ¿qué?
—De la nuca, chiflada, piantada, loca como una zapatilla…
—¿Por…?
—Estuvimos discutiendo toda la semana por el tema de las vacaciones. Resulta que Gabriela quiere que vayamos todo el mes a Punta del Este con los viejos de ella, que nos invitaron; y yo no quiero ir porque me gustaría que nos fuéramos a Mar del Plata, con un grupo de amigos del club. Yo sé que a ella le gustaría mucho más el proyecto de Mardel, pero está emperrada en lo de Punta. Y si hay algo que a mí me pone loco es cuando Gaby se emperra. Más la veo así y más tozudo me pongo yo.
Hasta que llega un momento en que no puedo hablar más con ella, porque siento que es absolutamente incapaz de abrir su cabeza y escuchar otras opiniones.
—¿Y por qué ella prefiere ir a Punta del Este?
—Por nada, es un capricho.
—Pero ella no dice que es un capricho, ¿o sí?
—No, ella dice que quiere ir a Punta.
—¿Y tú no le preguntaste por qué?
—Sí, claro que le pregunté, pero ni sé qué pavada me contestó.
— Dime, Demi, si no sabes que te contestó, ¿cómo puedes decir que es una pavada?
—Porque cuando Gabriela se encapricha, dice cualquier cosa y no escucha razones. Descalifica todo lo que el otro dice y lo único que atiende son sus propios argumentos.
—Descalifica tus argumentos.
—Sí.
—Dice, por ejemplo, que lo tuyo son estupideces, o que eres un cabeza dura…
—Eso.
—O que eres un caprichoso.
—Sí, también, cómo sab…?
—Ayer me contaron un chiste.
Un tipo llama al médico de cabecera de la familia:
—Ricardo, soy yo: Julián.
—Ah, ¿qué dices, Julián?
—Mira, te llamo preocupado por María.
—Pero, ¿qué pasa?
—Se está quedando sorda.
—¿Cómo que se está quedando sorda?
—Y si, viejo, necesito que la vengas a ver.
—Bueno, la sordera en general no es una cosa repentina ni aguda, así que el lunes tráemela al consultorio y la reviso.
—Pero, ¿te parece esperar hasta el lunes?
—¿Cómo te diste cuenta de que no oye?
—Y… porque la llamo y no contesta.
—Mira, puede ser una pavadita como un tapón en la oreja. A ver, hagamos una cosa: vamos a detectar el nivel de la sordera de María: ¿dónde estás tú?
—En el dormitorio.
—Y ella ¿dónde está?
—En la cocina.
—Bueno, llámala desde ahí.
—MARIAAA… No, no escucha.
—Bueno, acércate a la puerta del dormitorio y grítale por el pasillo.
—MARIIIAAA… No, viejo, no hay caso.
—Espera, no te desesperes. Toma el teléfono inalámbrico y acércate por el pasillo llamándola para ver cuándo te escucha.
—MARIAA, MARIIAAA, MARIIIAAAA… No hay caso, doc.
Estoy parado en la puerta de la cocina y la veo, está de espaldas lavando los platos, pero no me escucha. MARIIIAAA… No hay caso.
—Acércate más.
El tipo entra en la cocina, se acerca a María, le pone una mano en el hombro y le grita en la oreja: ¡MARIIIAAAA!

La esposa furiosa se da vuelta y le dice:
—¿Qué quieres? ¡¿QUE QUIERES, QUE QUIEREEEES?!, ya me llamaste como diez veces y diez veces te contesté ¿QUÉ QUIERES?… Tú cada día estás más sordo, no sé por qué no consultas al médico de una vez…

—Esto es la proyección, Demián, cada vez que veo algo que me molesta en otra persona, sería bueno recordar que eso que veo, por lo menos (¡por lo menos!) también es mío.
Bueno, sigamos con lo tuyo… ¿qué me decías de los caprichos de Gabriela?…

Nota: Tomado de Recuentos para Demian de Jorge Bucay.

balanza

Resentimiento!!!

Resentimiento;

¿De donde se forma y como aliviarlo?

El resentimiento es:

Sentir hostilidad contra una persona o un grupo que consideras que te ha tratado mal.

Cuando alguien siente resentimiento hacia una persona o un grupo: Pone mala cara silenciosamente en su presencia o ante la mención de su nombre. Y /o se siente mal cuando la música, una película, o un programa de televisión le recuerda las interacciones desagradables que ha tenido con ellos.

El resentimiento puede ser el resultado de:

Aceptar pasivamente un trato negativo de otras personas, sin expresar nunca sentimientos negativos.

Aceptar hacer algo por otros a pesar de tener la sensación o creencia de que se están aprovechando de ti.

Intentar que otros conozcan tu punto de vista y que no hagan caso o nieguen la verdad o la sabiduría de lo que estás diciendo.

Cuando no has logrado resolver tu resentimiento:

Te muestras hipersensible o con los nervios de punta cuando te recuerdan la persona o personas implicadas.

Tiendes a negar cualquier sentimiento de ira u odio hacia esa persona.

Te sientes provocado o encolerizado cuando ves que las personas contra quines guardas resentimiento son reconocidas por sus logros.

¿Cómo puedes superar el resentimiento?

Las técnicas que puedes utilizar para librarte del resentimiento incluyen:

Admite que existe resentimiento sin resolver detrás de tu actitud hostil, cínica y sarcástica; y decidir librarte de él.

Trabaja en tus sentimientos de ira hacia esas personas.

Escribe una carta en la cual detalles todas las razones de tu resentimiento pero sin enviarla.

Identifica los desencadenantes del resentimiento (recuerdos, situaciones, pensamientos) y trabaja para disminuir su impacto.

Pide ayuda a amistades o familiares. Comparte con ellos tus sentimientos y pídeles que te den un toque cuando te deslices hacia el resentimiento.

Sobre todo:

Cambia los pensamientos sobre lo injusta que es la vida o la mala suerte que tienes por pensamientos de cambio, esperanza y un futuro mejor. Cultiva el optimismo. Que en las cosas te haya ido mal hasta ahora no quiere decir que te vaya a ir mal siempre.

Nota: Tomado de: http://www.cepvi.com/articulos/resentimiento.shtml
receta-para-un-matrimonio-feliz